Un desayuno lento en casa y taller creativo
Los que me conocéis sabéis que el desayuno es mi comida favorita del día. Y no es algo reciente, en mi casa siempre ha sido como un ritual en el que tenías que beber el zumo de frutas recién hecho para que no se le fueran las vitaminas. Entiendo que para mucha gente es todo lo contrario, uno de esos momentos del día que pasa desapercibido. Entre la rutina y las prisas, se convierte en algo rápido, casi automático. Me gustaría invitarte a que lo disfrutes una mañana a mi manera, que pruebes mis tostadas favoritas con mermelada de higos casera, las rocas de chocolate blanco con nueces y pistachos que hace mi madre o las galletas de mantequilla de Zolás.
Mis amigas del gimnasio reservaron el sábado pasado para venir juntas a pasar la mañana. Como podéis ver en las fotos, cuando llegan la mesa está puesta, el pan tostado y el café caliente, ¡todo listo para empezar!
Después del desayuno la experiencia continúa. Empezamos con la parte creativa del taller triturando el papel. Como hacía muy buen día, sacamos el material para el jardín e hicimos allí el filtrado de agua, la textura del papel triturado no deja a nadie indiferente.
Cuando tenemos escurrida la pulpa volvemos a entrar en casa. En la mesa está distribuido el material del taller y nos preparamos para mancharnos las manos. Esta es la parte del proceso más relajante en el que cada una se concentra en su propia creación, en elegir los colores y darle forma a su cuenco.







El taller no es solo aprender una técnica. Es compartir, crear y disfrutar del proceso. Cada persona se lleva su pieza, pero también la experiencia de haber dedicado tiempo a algo diferente.
Si te apetece vivir una mañana así con tus amigas o conocer gente nueva, puedes reservar plaza en la tienda online o escribirme para ver la disponibilidad de fechas.
Muchas gracias a mis Albas por documentarlo todo y por sacar unas fotos tan bonitas.